El silencio que hay antes de una tormenta. Vivir la soledad contando 25 millones de olas. El placer de cocinar y saborear una buena comida. Cantar, jugar al baloncesto, hacer bromas, amar... Llevando siempre encima, el peso del pasado, que con el tiempo, ha conseguido ocultar las heridas con todas las palabras perdidas y guardadas por el miedo. Y el día en que se lloran, no se puede evitar innundar la habitación.